¿Qué puede decirnos una enfermedad? Una mirada sistémica a partir de Brigitte Champetier de Ribes
Una Nueva Mirada sobre el cuerpo, las emociones y nuestra historia
Cuando aparece una enfermedad, normalmente nuestra primera pregunta es:
¿Qué tengo?
Buscamos un diagnóstico, una explicación, un tratamiento y, sobre todo, una manera de recuperar nuestro bienestar.
Pero existe otra pregunta que también puede abrir un espacio de reflexión:
¿Qué estaba ocurriendo en mi vida cuando esto apareció?
No porque toda enfermedad tenga necesariamente un origen emocional, ni porque podamos explicar un diagnóstico únicamente desde nuestra historia personal.
Sino porque el cuerpo también forma parte de nuestra historia.
Esta es una de las puertas que propone explorar Brigitte Champetier de Ribes en su libro Constelar la enfermedad desde las comprensiones de Hellinger y Hamer, una obra dedicada a observar los síntomas y las enfermedades desde una perspectiva sistémica y fenomenológica. El libro fue publicado originalmente en 2011 y, según el Instituto de Constelaciones Familiares de la autora, alcanzó su décima edición en 2025.
En este artículo no pretendo sustituir una explicación médica ni presentar las propuestas del libro como verdades científicas. La intención es otra:
explorar las preguntas que pueden surgir cuando dejamos de mirar la enfermedad únicamente desde una dimensión.
La enfermedad puede convertirse en una pregunta
Cuando algo aparece en nuestro cuerpo, muchas veces queremos que desaparezca lo antes posible.
Y es comprensible.
Sin embargo, algunas experiencias también pueden llevarnos a preguntarnos:
¿Qué estaba viviendo en ese momento?
¿Qué había cambiado en mi vida?
¿Había una pérdida?
¿Un conflicto?
¿Una separación?
¿Una situación que no podía expresar?
¿Algo que llevaba mucho tiempo intentando sostener?
¿Existía alguna historia familiar que desconocía?
¿Hay emociones que me resulta difícil reconocer o expresar?
Estas preguntas no buscan encontrar culpables.
Y esto es fundamental.
Una mirada sistémica no debería convertirse en:
“Te enfermaste porque hiciste algo mal.”
Ni tampoco en:
“Tu enfermedad significa que tienes un conflicto emocional específico.”
La propuesta puede ser mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda:
¿Qué más podemos observar?
¿Qué propone Brigitte Champetier de Ribes?
En Constelar la enfermedad, Champetier de Ribes plantea una aproximación a los síntomas y las enfermedades que combina elementos de las Constelaciones Familiares desarrolladas a partir del trabajo de Bert Hellinger con conceptos procedentes de R. G. Hamer. La autora presenta una parte teórica y posteriormente numerosos ejemplos de constelaciones relacionadas con diferentes enfermedades y síntomas.
Uno de los aspectos centrales del libro es la posibilidad de observar la enfermedad no únicamente como un acontecimiento aislado del individuo, sino también dentro de un contexto más amplio.
Ese contexto puede incluir:
la persona, su historia, sus vínculos, su familia y determinadas experiencias que forman parte de su sistema.
Desde esta perspectiva aparece una pregunta particularmente interesante:
¿Qué ocurre cuando observamos el síntoma dentro de una historia más grande?
El cuerpo dentro del sistema familiar
Las Constelaciones Familiares parten de una mirada sistémica.
Esto significa que una persona no es observada como un elemento completamente separado de los sistemas a los que pertenece.
Formamos parte de una familia.
Tenemos padres.
Hermanos.
Parejas.
Hijos.
Abuelos.
Historias conocidas y desconocidas.
Pérdidas.
Separaciones.
Secretos.
Exclusiones.
Migraciones.
Cambios de país.
Muertes tempranas.
Situaciones que nunca fueron habladas.
Y también tenemos nuestras propias experiencias.
Todo esto forma parte del contexto desde el cual construimos nuestra manera de relacionarnos con la vida.
Por eso, cuando hablamos de una mirada sistémica sobre la enfermedad, la intención no debería ser buscar una explicación única, sino ampliar el campo de observación.
¿Las emociones pueden afectar al cuerpo?
Esta pregunta requiere una respuesta cuidadosa.
Sí sabemos que existe una relación entre aspectos psicológicos, estrés, sistema nervioso, comportamiento y procesos físicos. La experiencia humana no está dividida en compartimentos completamente independientes.
Pero de ahí no se desprende que una enfermedad concreta tenga necesariamente una emoción concreta como causa.
Y esta diferencia es importante.
Por ejemplo, podemos decir:
“El estrés puede afectar al organismo.”
Pero sería muy diferente afirmar:
“Esta enfermedad apareció porque no resolviste determinado conflicto.”
La segunda afirmación requiere evidencia específica y no debería presentarse como una conclusión simplemente porque encaje con una historia personal.
Esta distinción me parece especialmente importante cuando hablamos de Constelaciones Familiares y salud.
¿Qué lugar ocupa Hamer en el libro?
Aquí encontramos una de las partes más controvertidas del planteamiento.
Champetier de Ribes incorpora en su libro conceptos de R. G. Hamer y la llamada Nueva Medicina Germánica, junto con la mirada sistémica de Hellinger. La propia descripción editorial del libro explica que su propuesta combina ambas perspectivas para explorar el significado de síntomas y enfermedades.
Hamer planteó que determinadas enfermedades podían relacionarse con conflictos biológicos o experiencias emocionales específicas. Sus teorías llegaron a formular una explicación general de la enfermedad basada en los llamados conflictos biológicos.
Sin embargo, es importante señalar que la Nueva Medicina Germánica no cuenta con respaldo científico suficiente para considerarse un tratamiento médico basado en evidencia, y sus afirmaciones sobre el origen y tratamiento de enfermedades graves han sido rechazadas por organismos médicos. En particular, la Sociedad Alemana del Cáncer ha advertido sobre los riesgos de sustituir tratamientos médicos eficaces por este enfoque.
Por eso, al acercarnos a este libro, podemos hacer algo mucho más interesante que aceptar o rechazar todo su contenido en bloque:
podemos preguntarnos qué ideas son útiles como herramientas de reflexión y cuáles no deben confundirse con conocimiento médico demostrado.
Constelar una enfermedad no significa buscar culpables
Esta es, para mí, una de las distinciones más importantes.
Cuando una persona tiene una enfermedad, puede ser muy doloroso escuchar:
“Tu enfermedad viene de tu conflicto.”
Porque fácilmente puede aparecer una segunda pregunta:
“Entonces, ¿yo provoqué mi enfermedad?”
No.
Explorar la dimensión emocional o sistémica de una experiencia no significa atribuirle culpa a la persona.
Una enfermedad puede tener múltiples factores: biológicos, genéticos, ambientales, infecciosos, conductuales, hormonales, inmunológicos y muchos otros.
Una mirada sistémica puede coexistir con la atención médica.
No tiene por qué competir con ella.
¿Y qué significa entonces mirar una enfermedad desde la perspectiva sistémica?
Podría significar algo tan sencillo como ampliar las preguntas.
En lugar de preguntarnos únicamente:
¿Qué enfermedad tengo?
también podemos preguntarnos:
¿Qué estaba ocurriendo en mi vida?
¿Qué relación tenía con las personas importantes para mí?
¿Había alguna pérdida o cambio significativo?
¿Qué lugar estaba ocupando dentro de mi familia?
¿Había algo que llevaba mucho tiempo intentando sostener?
¿Qué emociones me cuesta reconocer?
¿Qué historias familiares conozco y cuáles desconozco?
Y una pregunta especialmente interesante:
¿Qué estoy descubriendo sobre mí a partir de esta experiencia?
La pregunta no pretende encontrar una causa médica.
Pretende abrir un espacio de autocomprensión.
Cuando la enfermedad cambia nuestra manera de mirar la vida
Hay experiencias que nos obligan a detenernos.
Una enfermedad puede modificar nuestra relación con el tiempo.
Con el trabajo.
Con la familia.
Con nuestra pareja.
Con nuestro cuerpo.
Con nuestras prioridades.
Incluso con la manera en que entendíamos nuestra propia identidad.
A veces una persona comienza a preguntarse:
¿Para quién estaba viviendo?
¿Qué estaba intentando demostrar?
¿Qué necesitaba y nunca expresé?
¿Qué relaciones necesitan ser revisadas?
¿Qué quiero hacer diferente a partir de ahora?
Estas preguntas no curan una enfermedad por sí mismas.
Pero pueden formar parte de un proceso de comprensión.
Y quizá ahí encontremos uno de los puntos de encuentro más interesantes entre autocomprensión y trabajo sistémico.
La enfermedad y la historia familiar
Uno de los temas que aparece repetidamente en las aproximaciones sistémicas es la relación entre la experiencia individual y la historia familiar.
¿Podemos estar afectados por acontecimientos que ocurrieron antes de nuestro nacimiento?
Esta pregunta también aparece en otros campos de investigación, como el estudio del trauma intergeneracional y la epigenética.
Pero aquí también necesitamos prudencia.
La investigación científica estudia cómo determinadas experiencias pueden influir en generaciones posteriores a través de mecanismos biológicos, ambientales y sociales. Esto no significa que una persona herede literalmente los recuerdos de sus antepasados ni que podamos identificar una enfermedad concreta y atribuirla directamente a un acontecimiento ocurrido décadas atrás.
La historia familiar puede ser un contexto de exploración; no necesariamente una explicación médica.
Esta diferencia permite mantener abiertas las preguntas sin convertirlas en certezas.
Una de las ideas que más me interesa del libro
Más allá de estar de acuerdo o no con todas las teorías que presenta, encuentro interesante una pregunta:
¿Qué cambia cuando dejamos de luchar contra una experiencia y comenzamos a observarla?
No significa resignarse.
No significa abandonar un tratamiento.
No significa pensar que todo ocurre por una razón predeterminada.
Significa permitirnos mirar nuestra experiencia desde más de un ángulo.
A veces queremos eliminar rápidamente aquello que nos incomoda.
Pero comprender también puede ser una forma de acompañarnos.
Podemos cuidar el cuerpo y, al mismo tiempo, preguntarnos qué está ocurriendo en nuestra vida.
Podemos buscar ayuda médica y también explorar nuestras relaciones.
Podemos atender un síntoma y preguntarnos qué nos está enseñando la experiencia acerca de nosotros mismos.
Una mirada no tiene que excluir necesariamente a la otra.
¿Qué puede aportar una Constelación Familiar cuando existe una enfermedad?
Una Constelación Familiar no debería presentarse como un tratamiento médico para una enfermedad.
Puede plantearse, en cambio, como un espacio de exploración.
La persona puede observar aspectos de su historia, sus vínculos, sus sentimientos de pertenencia, determinadas experiencias familiares o situaciones que todavía tienen un peso emocional.
El objetivo no es encontrar una explicación universal para el síntoma.
Es ampliar la mirada sobre la persona que está viviendo la experiencia.
Y esto conecta profundamente con una idea que está en el centro de Vitalista Hub:
No somos solamente aquello que nos ocurre.
También somos la historia desde la cual interpretamos aquello que nos ocurre.
Una Nueva Mirada
Quizás esa sea la pregunta más interesante que podemos llevarnos de Constelar la enfermedad:
¿Qué ocurre cuando dejamos de preguntarnos solamente “qué me pasa” y comenzamos también a preguntarnos “qué puedo comprender de lo que estoy viviendo”?
No todas las preguntas tendrán una respuesta.
No toda enfermedad tendrá un significado emocional.
No todo patrón familiar explicará una experiencia presente.
Y no necesitamos que todo tenga una explicación para poder mirarlo con mayor profundidad.
La autocomprensión no consiste en encontrar una explicación para absolutamente todo.
Consiste en poder mirar nuestra experiencia con más conciencia, más contexto y más posibilidades.
La enfermedad pertenece al cuerpo.
La historia pertenece a la persona.
Y la mirada sistémica nos invita a no olvidar que la persona también pertenece a una historia más grande.
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En Vitalista Hub, estos temas forman parte de una exploración más amplia de la Autocomprensión, las Constelaciones Familiares y el Trabajo Sistémico.
No necesitas tener todas las respuestas para comenzar.
A veces basta con una pregunta.
Otra mirada. Una nueva comprensión.

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